
El estreñimiento afecta entre el 14-20% de la población
septiembre 15, 2025
Calox Internacional: 90 años de historia e innovación en la industria farmacéutica venezolana
septiembre 15, 2025El Dr. Miguel Garassini Serra, epónimo del 46º Congreso Venezolano de Gastroenterología, compartió con MED sus recuerdos, su vocación por la medicina y en especial por la hepatología. Un recorrido íntimo que revela al hombre detrás del médico, sus valores familiares y su amor por la enseñanza.
Por: Luis E. Baralt
Al tocar la puerta, nos abre un muchacho alegre y vivaz, de apenas 85 años. Su sonrisa revela empatía y adelanta lo que se convertiría en una excelente tarde de conversación, al amparo de un hogar donde la estampa amorosa de una gran familia permanece latente en cantidad de fotografías.
Exquisitas obras de arte delatan el buen gusto de los inquilinos. Seguimos por unas escaleras hasta la oficina en el segundo piso, donde un microscopio descansa junto al computador, en medio de una nutrida biblioteca colmada de testigos del conocimiento de un hombre ganado a la ciencia.
Pero finalmente, el anfitrión prefiere la calidez de su jardín para enmarcar la conversación, a fin de cuentas, es el ambiente de su gran pasatiempo: atender las matas de cambur, lechosa, el romero y otras tantas que cuida con empeño y dedicación.
Desde pequeño, Miguel Garassini mostró una curiosidad insaciable por la biología y la vida. Nacido en Buenos Aires en 1940, llegó a Venezuela a los seis años y rápidamente se adaptó a su nuevo hogar. Sorprende cuando nos dice riendo: “Siempre fui muy malo para las matemáticas, eso hizo que excluyera una cantidad de cosas. Pero tenía vocación para la medicina”, recuerda mientras narra sus primeros pasos hacia lo que se convertiría en una vida dedicada al conocimiento y la enseñanza.
MED: ¿Siempre quiso ser médico?
Dr. Miguel Garassini: Sí. Cuando me gradué en la universidad, había como cuatro o cinco opciones: ingeniería, derecho, medicina… Pero yo siempre fui de biología, me encantaba, y la medicina era la opción uno. Además, venía de una familia muy ligada a la docencia: mi papá era ingeniero agrónomo y profesor universitario, mi mamá maestra de escuela… y yo vivía entre libros y publicaciones. Esa curiosidad y ese amor por aprender, creo que es genética y epigenética también.
Vocación y primeros años
Aunque su infancia estuvo marcada por mudanzas y colegios diversos, Garassini recuerda con cariño esos años. “Hice primer grado en el Colegio La Salle de Tienda Onda, luego varios años en Maracay, y terminé el quinto año de bachillerato de nuevo en La Salle. Fue un recorrido de colegios y viajes… pero eso me permitió adaptarme, aprender y observar mucho”.
MED: ¿Y ya en bachillerato estaba decidido a ser médico?
M.G.: Sí. Como te dije, me gustaba la biología, siempre fui curioso, quería conocer, entender el porqué de las cosas. Me acuerdo que, cuando tenía como 10 años, me regalaron un libro, grande, esos que hacían empastados. Era “La isla misteriosa”, de Julio Verne. Yo leía aquello y entraba como en transe, imaginaba todo y me fascinaban las soluciones que encontraban para problemas complejos. Esa curiosidad me llevó directo a la medicina. Y la docencia ha sido una pasión. Cuando enseñas, aprendes; no puedes explicar algo que no comprendas a fondo.
Su madre, según confiesa, fue un modelo de dedicación al hogar: “Era una mujer muy amistosa con la gente y entregada al hogar. Era excepcional. Bueno, creo que todas las madres son excepcionales para cada uno, ¿verdad? Pero así era la mía”. Esa enseñanza temprana de claridad y disciplina, asegura, marcó su manera de enseñar y de tratar a los pacientes.
MED: ¿Y era estricta con usted?
M.G.: Era demasiado buena, la verdad. Totalmente dedicada a su hogar y a sus hijos. Y mi papá también. Vivieron 60 años juntos… fue una pareja increíble. Ese ambiente me formó mucho.
La docencia como pasión
A pesar de haber “dejado” el hospital tras décadas de servicio, el Dr. Garassini no cree en la jubilación:
MED: ¿Qué significa la jubilación para usted?
M.G.: Cuando uno es docente, nunca se jubila. Seguí yendo al hospital a dar clases, incluso después de retirarme como jefe de servicio. Grabé conferencias para posgrados, enseñando desde casa durante la pandemia. La docencia no tiene fin: uno sigue aprendiendo y enseñando siempre, incluso a la familia.
Su curiosidad por la ciencia y la tecnología es evidente. Aunque no se engancha con novelas, se apasiona por biología y la astronomía. “Julio Verne me enseñó a analizar, a pensar y resolver problemas, y eso sigue siendo parte de mi vida”.
La relación médico-paciente
Sobre su formación profesional, Garassini describe la importancia del equipo y la relación médico-residente:
MED: ¿Cuáles considera sus mayores logros?
M.G.: Formar MEDICOS, así, en mayúsculas, no solo transferir conocimientos. El ejemplo, la forma en que tratas al paciente, es lo que ellos captan. Los alumnos enseñan mucho; aprendes de ellos. Y, claro, la familia es un soporte fundamental.
MED: ¿Y la relación médico-paciente?
M.G.: Es Fundamental. Sin confianza, el paciente no sigue las indicaciones. La empatía es clave: ponerse en los zapatos del otro, escuchar y comprender. Aprendí mucho de uno de los grandes internistas alemanes que me decía: “Si el paciente no sale como tu amigo, has fracasado”.
En cuanto a las virtudes del médico moderno, insiste en la vocación y la empatía. Para el Dr. Garassini, el buen médico debe ser buena persona, conocer al otro y actuar con cariño. “Eso no se aprende de un libro; se aprende en la práctica, en la observación, en el modelaje que recibes de otros médicos”, afirma.
Su vida familiar también refleja la cercanía y el afecto: padre de cuatro hijos, abuelo de catorce nietos y bisabuelo, mantiene contacto con todos gracias a la tecnología. “Somos muy unidos, aunque muchos viven fuera; WhatsApp, Zoom y Google nos mantienen cerca”.
Reconocimientos y legado
Recientemente, fue nombrado epónimo del 46º Congreso Venezolano de Gastroenterología.
MED: ¿Qué significa para usted este reconocimiento?
M.G.: La satisfacción de una labor cumplida, con humildad. No estoy solo; le debo mucho a todas las personas con las que he trabajado, y eso me ha permitido desarrollarme como médico y docente.
En cuanto a sus pasatiempos, los resume entre jardín, ejercicio y buena comida. “Por razones físicas he tenido que hacer ejercicio. Nadar es una terapia completa. Y la pasta, los ñoquis… eso es lo mío, un legado familiar italiano que seguimos cada domingo en la comida familiar”.
Finalmente, ofrece un mensaje a las nuevas generaciones de médicos:
M.G.: La medicina está cambiando rápido, con inteligencia artificial y robótica, pero eso no sustituye al médico. Creo que me ha tocado vivir la increíble aventura de la medicina. Hoy en día, con los métodos de imágenes que hay, con la resonancia magnética, la cápsula que se toma el paciente y que va tomando las fotos. Todo eso es importantísimo porque facilita mucho la medicina. No la complica, la facilita, porque antes uno tenía que darle muy duro a la clínica. Creo que el médico debe aceptar lo nuevo, porque es inevitable. Todo lo que facilita el trabajo nos deja más tiempo para lo esencial: dedicarlo al paciente, con empatía y humanidad.
MED: Muchísimas gracias por este tiempo, Dr. Garassini, y esperamos seguir escuchándolo en sus conferencias.
Dr. Garassini: Bueno, escriba sus cosas, pero no exagere, jejeje.





