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Por Mónica López
La Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SVCOT) impulsa una nueva etapa centrada en la educación médica continua, la investigación y la formación de las nuevas generaciones. Para ello, su junta directiva reúne en este congreso nacional a destacados especialistas de Venezuela y de otros 15 países.
A pesar de un contexto marcado por la migración de profesionales, las dificultades de los hospitales públicos y las consecuencias de los recientes eventos catastróficos, la SVCOT mantiene activa la formación de especialistas y fortalece la investigación en el país.
Al frente de esta gestión se encuentra el doctor Gustavo García Rangel, presidente de la sociedad, acompañado por la doctora Judith Laya, en la secretaría. Ambos conversaron sobre los objetivos de la actual directiva, los programas de capacitación y los alcances de este encuentro nacional.
“Nuestra misión es mantener una educación médica continua y permanente”
¿Cuál ha sido la principal bandera de esta gestión?
—Asumimos la conducción de la sociedad tras las elecciones del 23 de septiembre de 2025 y, un mes después, tomamos posesión oficial como junta directiva.
Nuestra gestión busca continuar el trabajo de las juntas directivas anteriores, porque somos una sociedad sin fines de lucro cuya misión y visión están centradas en la educación médica continua y la capacitación permanente.
Todos los colegas que me acompañan son cirujanos referentes en sus respectivas áreas. La junta está integrada por especialistas en diferentes subespecialidades, entre ellos la doctora Judith Laya, secretaria; el vicepresidente, el tesorero, el bibliotecario y los vocales, todos con una amplia experiencia.
Nos hemos empeñado en mantener activa la sociedad en tiempos muy difíciles. Tenemos una generación de relevo, pero también hospitales que, desde el punto de vista académico, han quedado debilitados. Muchos de los docentes que fueron nuestros jefes, con 20 o 30 años de servicio, ya no están o han decidido retirarse.
Por eso queremos profundizar los lineamientos de las juntas anteriores y adaptarlo a las necesidades actuales.
La investigación como nueva bandera
¿En qué consiste esa profundización?
—Nuestra primera bandera es la investigación. Venezuela no tiene un registro suficiente de lo que hacemos, particularmente desde el punto de vista de la cirugía ortopédica.
Por eso le dimos un respaldo especial al doctor Julio Carullo, coordinador del Comité de Investigación. Le pedimos que recorriera el país ofreciendo cursos de metodología científica e investigación.
Esa es una responsabilidad que deberían asumir los programas de posgrado, pero lamentablemente muchas veces no se está haciendo. Nosotros queremos provocar ese despertar académico.
Queremos que los residentes y jóvenes especialistas vengan a nuestros congresos, presenten sus trabajos y se integren a la sociedad. Queremos que entiendan que pertenecer a ella puede beneficiarlos en su formación profesional.
Contamos además con unos 15 colegas a nivel nacional, junto con los coordinadores y auxiliares de los diferentes comités científicos. Son personas muy preparadas y comprometidas con continuar la educación médica.
La educación en el exterior suele tener costos sumamente elevados. A través de esta sociedad, buscamos facilitar el acceso a la capacitación académica en nuestro país, porque nuestra meta es preparar a los profesionales que, en el futuro, cuidarán de nuestra propia salud..
Recuperar la cirugía reconstructiva
¿Qué otras áreas consideran prioritarias?
—Otro bastión es la educación en reconstrucción de miembros inferiores. Hay procedimientos que prácticamente se nos habían escapado de las manos, como las osteotomías y la alineación de los miembros inferiores.
El Comité de Reconstrucción de Miembros Inferiores y Alargamiento, coordinado por el doctor Alfredo Santana, ha comenzado a llevar talleres a diferentes regiones del país.
Son conocimientos que muchas veces no se están impartiendo adecuadamente en los posgrados. Por eso queremos recuperarlos y ponerlos nuevamente al alcance de los especialistas.
También hemos estimulado la educación a través de internet y los webinars, incorporando incluso a colegas extranjeros. La actividad educativa ha sido muy dinámica.
Jornadas regionales de formación descentralizada
¿Cómo han llevado esta formación fuera de Caracas?
—Retomamos algo que se hizo hace 15 o 20 años: las jornadas regionales.
Dividimos el país por zonas —Oriente, Andes, Llanos, Centro-Occidente— y comenzamos a realizar jornadas que funcionan prácticamente como pequeños congresos.
Tuvimos una jornada con una asistencia de aproximadamente 350 personas y, posteriormente, otra en Barquisimeto que reunió cerca de 450 participantes, con una importante colaboración de las casas comerciales.
La respuesta ha sido extraordinaria. La gente quiere educación y quiere escuchar a expertos. Y cuando los costos permiten que un médico pueda acceder a ese conocimiento, la respuesta es muy buena.
Además, creemos mucho en el intercambio entre especialistas. A veces se aprende más de una discusión entre varios expertos que de una conferencia magistral. Escuchar diferentes puntos de vista, discutir conceptos y compartir experiencias tiene un valor enorme.
Una relación de cooperación con la industria
¿Qué papel ha tenido la industria farmacéutica en estas actividades?
—Tenemos una relación de ganar-ganar con la industria. Necesitamos de ella para poder desarrollar muchas de estas actividades.
Hablamos de la industria farmacéutica y de las compañías que trabajan con prótesis, implantes y materiales de osteosíntesis. Estamos vinculados con ellas y buscamos que todos podamos beneficiarnos.
También estamos grabando las conferencias de nuestros congresos para que los miembros activos puedan acceder posteriormente al contenido. Si alguien tiene una duda o quiere revisar una presentación, podrá hacerlo.
La revista de la sociedad también está siendo fortalecida y la doctora Judith Laya forma parte de ese equipo de trabajo.
Venimos con mucho entusiasmo y optimismo. Somos una sociedad sin fines de lucro, nos gusta enseñar y nos encanta que la gente conozca lo que hacemos.
También mostramos nuestros errores. No somos dioses. Somos profesionales y somos frágiles en cuanto al conocimiento. Muchas veces otra persona puede ver algo que uno no vio.
Formación práctica en cadáveres
¿Han considerado también la formación práctica fuera del país?
—Sí. Estamos tratando de desarrollar cursos sobre cadáveres en Colombia, mediante convenios con sociedades médicas.
Un curso de este tipo puede costar alrededor de 3.000 dólares para una persona. A través de convenios y del trabajo de la sociedad podemos abaratar considerablemente los costos.
La ventaja es que permite entrenarse directamente sobre cadáveres. Antes de realizar un procedimiento en un paciente vivo, el especialista puede practicarlo con la orientación de instructores.
Por ejemplo, si alguien quiere aprender una artroscopia de hombro, puede practicar el procedimiento y familiarizarse con la anatomía antes de llevarlo al paciente.
En Venezuela, por otra parte, no contamos con una legislación que facilite este tipo de entrenamiento. En Colombia existe otra modalidad, porque el cadáver pertenece al Estado hasta que es reclamado por los familiares. Allí hay centros de adiestramiento que pueden ser utilizados mediante convenios. Es una posibilidad que estamos explorando.
Un congreso internacional en tiempos difíciles
—Es uno de nuestros grandes desafíos hecho realidad. Tenemos invitados de 15 países y 39 conferencistas internacionales. A pesar de la situación que atraviesa el país, somos muy optimistas y estamos viviendo el éxito de su realización. Contamos con cinco salones funcionando simultáneamente, 15 comités y tres comisiones; es decir, desarrollamos actividades académicas durante todo el día en diferentes auditorios. Reunimos a más de 150 especialistas nacionales y esperamos alrededor de 1.500 asistentes.
El congreso se lleva a cabo aquí en Valencia. Queremos que participen especialmente los residentes, porque muchos nunca habían tenido la oportunidad de conocer la magnitud de un congreso nacional.
¿Habrá algún reconocimiento especial durante el congreso?
—Sí. Nuestro epónimo será el doctor Pedro Carballo, uno de los pioneros de la cirugía de tumores y de la oncología ortopédica en Venezuela. Es una persona con una trayectoria extraordinaria. Ha sido director y editor de la revista de la sociedad, además de haber realizado aportes muy importantes a la especialidad. Consideramos que merece este homenaje. Y creemos que los reconocimientos deben hacerse en vida.
Medicina del desastre: una lección para la especialidad
¿Cuáles serán los temas más destacados del congreso?
—Tendremos un día especialmente dedicado a la medicina del desastre. Queremos revisar qué ocurrió, qué se hizo bien y qué podemos mejorar. No podemos decir que fallamos, porque hubo una respuesta hospitalaria muy buena. Muchos de los colegas que participaron en la atención de los afectados son miembros de nuestra sociedad. Nosotros como sociedad no tenemos los recursos para instalar un hospital de campaña y operar directamente, pero sí podemos capacitar, coordinar y acompañar a quienes están en primera línea.
El papel de la sociedad en el doblete sísmico
¿Cuál fue concretamente el aporte de la sociedad durante los eventos catastróficos recientes?
—Inmediatamente desplegamos una estrategia de ayuda. Comenzamos a buscar donaciones porque uno de los principales problemas era la disponibilidad de insumos. Posteriormente, estos insumos fueron canalizados directamente hacia los grupos de los hospitales que los necesitaban. Nos preocupamos también por los médicos y residentes que habían perdido sus viviendas. Recibimos donaciones y apoyo de diferentes lugares, tanto nacionales como internacionales. Hubo colaboración desde Panamá, Estados Unidos, Chile, México y Colombia, entre otros países.
También recibimos materiales de osteosíntesis y material médico-quirúrgico. Nuestro objetivo era que la sociedad ayudará a garantizar que esas donaciones llegarán realmente a los lugares donde eran necesarias.
Fracturas, aplastamiento y amputaciones
¿Qué ocurre con los pacientes que sufren lesiones graves en este tipo de desastres?
—La atención depende de la cronología de las lesiones. Inicialmente tenemos pacientes con fracturas abiertas, aplastamientos o lesiones provocadas por el derrumbe de estructuras. Después están quienes permanecen sepultados durante períodos más prolongados. En estos casos existe un fenómeno conocido como rabdomiólisis, producido por el daño muscular y que puede generar complicaciones graves, entre ellas insuficiencia renal. Allí interviene medicina intensiva y se requiere un manejo multidisciplinario.
También están los pacientes que sufrieron amputaciones en el lugar del desastre porque era imposible retirar una estructura que los atrapaba. Estos pacientes necesitan un proceso de recuperación. Una prótesis no se coloca inmediatamente; hay que esperar a que el muñón y los tejidos se adapten. Posteriormente intervienen los especialistas en medicina física y rehabilitación. Si el muñón no evoluciona adecuadamente, la rehabilitación puede solicitar la intervención del traumatólogo para remodelarlo. También se activó el área de traumatología infantil y ortopedia pediátrica.
Una respuesta multidisciplinaria
¿La sociedad participa también desde el punto de vista educativo?
—Sí. Nosotros ya veníamos desarrollando webinars sobre politraumatismo. Habíamos abordado temas como el politraumatismo durante el embarazo, por ejemplo, qué hacer ante una mujer embarazada que sufre un accidente de motocicleta.
Como traumatólogos, entendemos que estos problemas requieren un abordaje multidisciplinario. Por eso involucramos a anestesiólogos, pediatras, obstetras, psiquiatras y otros especialistas.
También teníamos programada una actividad sobre medicina del desastre cuando ocurrió la tragedia. Posteriormente organizamos un webinar sobre gestión emocional porque todos estábamos afectados. Invitamos a la Sociedad Venezolana de Psiquiatría y a especialistas en psiquiatría infantil y de adultos. Fue una actividad muy importante porque todos estábamos tratando de encontrar una manera de procesar lo ocurrido. La empatía también puede ser muy dura. Cuando uno escucha una historia piensa: “¿Y si esto me hubiera pasado a mí? ¿Y si hubiera sido mi familia?”. Esa identificación puede afectarnos profundamente.
“Estábamos apagados”
—¿Cambió la sociedad después de estos acontecimientos?
Estábamos apagados. Todo el país estaba apagado. Suspendimos dos eventos internacionales que ya estaban prácticamente organizados: uno relacionado con pie y tobillo y otro sobre infecciones, que contaba con invitados extranjeros. Tuvimos que detenerlos. Pero después nos preguntamos: si suspendemos todo, ¿cómo ayudamos? Si no educamos, ¿qué estamos haciendo? Decidimos entonces que nuestro congreso no sería una fiesta, sino una reunión académica. Y logramos mantenerlo. Muchos invitados internacionales aceptaron venir a acompañarnos. Son especialistas destacados en sus países, en Latinoamérica y en el mundo, y vienen también como una muestra de apoyo. Queremos ser inclusivos y que todos tengan la posibilidad de mostrar lo que están haciendo. Queremos que se comparta conocimiento de manera honesta, sin artificios.
Un traumatólogo: un médico feliz
Para la secretaría de la Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, doctora Yudith Laya, el médico traumatólogo es uno de más felices dentro del área médica porque el diagnóstico para este especialista es mucho más sencillo que para ciertas patologías crónicas o avanzada.
¿Cómo definirían al médico traumatólogo venezolano?
—El traumatólogo pasa por una formación académica exigente. Dependiendo del programa, el posgrado puede durar tres o cuatro años, además de las residencias asistenciales previas.
Durante ese proceso cada profesional desarrolla sus propios valores, emociones y pasión por la traumatología.
El traumatólogo trata las fracturas y las lesiones del aparato locomotor. Es probablemente uno de los especialistas que puede sentir mayor satisfacción con su trabajo porque muchas veces recibe un paciente con una lesión, establece un diagnóstico relativamente rápido, lo trata y consigue reincorporarlo a la sociedad. Eso genera una gran satisfacción profesional.
Además, es una especialidad con una enorme carga de emergencia. Los traumatismos ocurren en cualquier momento y pueden afectar a cualquier persona: niños, adultos y personas mayores.
El traumatólogo puede recibir lesiones que van desde la cabeza hasta los miembros inferiores. Es una especialidad muy exigente y requiere un gran compromiso. Ese compromiso es uno de los grandes valores del traumatólogo.
¿La traumatología sigue siendo atractiva para los estudiantes y médicos jóvenes?
—Sí. Hubo un momento en que muchos estudiantes y médicos venezolanos decidieron salir del país para continuar su formación. Eso produjo una disminución en la demanda de algunos programas. Pero traumatología siempre fue una de las especialidades de posgrado más solicitadas. Cuando se abrían concursos para ingresar, había una gran cantidad de aspirantes y muchos quedaban fuera.
¿Qué impacto ha tenido la migración de médicos venezolanos en la especialidad?
—Ha sido importante. Un grupo grande de traumatólogos venezolanos está haciendo vida profesional en otros países. Pero los médicos venezolanos, cuando llegan al exterior, suelen ser muy buscados. Un buen ejemplo es Chile, donde hay muchos colegas que han podido incorporarse a los sistemas de salud y han sido bien recibidos. Son profesionales que están resolviendo problemas en otros países, pero que fueron formados en Venezuela.
Muchos han presentado sus exámenes de homologación y los han aprobado. Eso demuestra que nuestros especialistas tienen una buena formación. Ojalá algún día muchos de ellos puedan regresar. Pero también es motivo de orgullo saber que nuestros médicos están demostrando afuera la calidad de la formación que recibieron en Venezuela.





