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El doctor Bartolomé Finizola Celli repasa una trayectoria volcada al servicio social, la docencia y la humanización de la medicina cardiovascular en el país.
Por: Luis E. Baralt G.
El consultorio del doctor Bartolomé Finizola Celli no es solo un espacio clínico; es el epicentro donde confluyen la naturaleza, el arte y la ciencia. Con la serenidad que otorgan las décadas de servicio, el epónimo del LVI Congreso Venezolano de Cardiología 2026 evoca una infancia de ideas claras en Barquisimeto, cuando apenas siendo un niño “lengua mocha” ya decretaba su proyecto de vida. Su herencia familiar y los pasillos de la escuela Luis Razetti de la Universidad Central de Venezuela moldearon una sensibilidad transdisciplinaria que, años más tarde, transformaría la salud pública larense desde el medio rural.
– MED: ¿Qué representa ser la figura central del próximo congreso nacional?
– Dr. Bartolomé Finizola Celli: Es un honor para mí porque es la Sociedad que agrupa a los cardiólogos de Venezuela y yo tuve la oportunidad de ser presidente de la SVC. Que me designen como epónimo, por una parte, es un honor y por la otra me compromete más a seguir trabajando, seguir contribuyendo a la consolidación de la especialidad en el país.
Su vocación hospitalaria no fue fortuita. Aunque su hermano mayor era médico y su hermana odontóloga, el germen de la equidad social en salud ya habitaba en él. Rememora con precisión que, desde la niñez, deseaba construir «un hospital para la gente que pudiera pagar y otro para la gente que no pudiera pagar». Aquella premisa germinó con fuerza y se convirtió en el pilar fundamental de la fisonomía asistencial de ASCARDIO.
– MED: En su formación académica destaca la influencia de grandes mentores. ¿Cómo recuerda esa etapa de pregrado y posgrado?
– Dr. Finizola Celli: Tengo algunos recuerdos muy importantes. El doctor Ladmiro Espinoza, a pesar de que era profesor de cirugía, una vez a la semana dedicaba una hora a revisar temas relacionados con la biografía de Luis Razetti. Eso me permitió conocerlo bien y ver que tuvo mucha influencia indirecta en mi desarrollo. También el doctor Pedro Grases organizaba unos grupos denominados el Areópago, donde se discutían temas de diferentes tipos, además de científicos. Ya en el postgrado, el doctor Luis López Grillo fue mi mentor y nos acompañó en el proyecto que desarrollamos aquí en Barquisimeto hasta que murió.
Tras graduarse en 1970, el doctor Finizola Celli se asentó en el medio rural de Duaca. Aquella experiencia transformadora le demostró que la comunidad es el componente fundamental de cualquier programa con impacto real. Allí coordinó la primera pasantía de la UCLA, impulsó redes de saneamiento ambiental y conoció a su esposa, la también cardióloga Auris Flores de Finizola. Al regresar de su posgrado en Caracas, conjugó el dinamismo comunitario con el apoyo gubernamental y académico para estructurar una sólida red de instituciones alrededor de la salud.
– MED: Fuera del ámbito estrictamente clínico, usted es conocido por ejecutar el acordeón y promover la cultura. ¿Cómo conviven el humanismo y la medicina en su entorno?
– Dr. Finizola Celli: Personalmente me gusta mucho la música. En ASCARDIO tenemos la Orquesta Sinfónica de Lara periódicamente, la sede de la Casa de la Música, un Museo del Corazón, esculturas, pinturas y narradores orales. Es una mezcla de cosas que resulta muy interesante y hace muy agradable el ejercicio. En lo familiar, nunca nos quejamos de la profesión; si había que ver un paciente a las tres de la madrugada, se veía y se regresaba a seguir trabajando sin quejarnos. Los hijos veían eso y así se fueron enamorando también. De los cuatro, tres son médicos: dos cardiólogos intervencionistas y una epidemióloga cardiovascular.
– MED: Frente a las complejidades del ejercicio médico actual, ¿cuál es la ruta que aconseja a las nuevas generaciones?
Dr. Finizola Celli: Mi mensaje es que hay que tener un propósito en la vida, un puerto a donde usted quiera llegar. El lema que pusimos en nuestra reciente jornada es que «No se pueden cambiar los vientos, lo que se puede es ajustar las velas», y nosotros creemos que ante la adversidad uno tiene que ajustar las velas, pero siempre con un puerto definido. Creemos en «hacer factible lo deseable con lo disponible». Estoy muy inclinado a las alianzas porque fortalecen y convencido de que los equipos de trabajo generan sinergia. Con disciplina, trabajo serio y un equipo bien estructurado se puede llegar a donde se quiera.





