
Actumir de Laboratorios Farma, salud y eficacia
julio 3, 2025
Un anticoagulante eficaz para la fibrilación auricular y la trombosis venosa
julio 3, 2025Los opioides no son fármacos de primera línea ni para todo tipo de dolor. Su uso debe ser cuidadosamente evaluado, priorizando siempre la seguridad del paciente. La serie de Netflix Painkiller, dejó en evidencia las devastadoras consecuencias de la prescripción irresponsable de opioides.
Por: Luis E. Baralt
“La conducta humana se puede resumir en dos cosas: huir del dolor y buscar el placer. Si nos colocamos justo ahí, entre el dolor y el placer, no tendremos que preocuparnos por el dinero nunca más.” Esta escalofriante reflexión forma parte de la serie de Netflix Painkiller, que retrata el papel de la oxicodona en la epidemia de opioides en Estados Unidos.
Con esta introducción, la Dra. Zory Pelayo, especialista en Medicina Interna, abrió su conferencia “¿Qué aprendimos de Painkiller? Prescripción segura de analgésicos opioides”, presentada durante el XXX Congreso Venezolano de Medicina Interna, poniendo sobre la mesa una realidad médica urgente: el uso indiscriminado de opioides ha causado graves problemas de salud pública y muertes en el mundo.
“A lo largo de las últimas décadas, hemos pasado de un uso muy restrictivo de opioides a su prescripción generalizada para todo tipo de dolor”, explicó la Dra. Pelayo. Este cambio ha sido impulsado por varios factores, entre ellos la creencia de que todo dolor debe tratarse con opioides, la menor tolerancia al sufrimiento por parte de los pacientes y la mayor sensibilidad de los profesionales de salud ante el dolor.
Sin embargo, esta prescripción masiva ha traído consecuencias devastadoras. “El Centro de Control y Prevención de Enfermedades reporta más de 500.000 muertes por sobredosis en menores de 50 años, de las cuales el 80% fueron por oxicodona y fentanilo”, alertó la doctora.
¿Cuándo utilizarlos?
De acuerdo con la internista, el manejo del dolor debe seguir la escala analgésica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), basada en un enfoque escalonado y racional:
- AINES y paracetamol para el dolor leve o moderado.
- Opioides menores, como codeína y tramadol, en combinación con analgésicos del primer nivel.
- Opioides mayores, como oxicodona, fentanilo y metadona, solo cuando las alternativas previas no han funcionado.
“Estos opioides carecen de techo en su potencial analgésico. A medida que aumentamos la dosis, logramos más analgesia, pero también aumenta la probabilidad de efectos adversos”, advirtió la conferencista.
Enfatizó que los opioides están indicados en el dolor agudo severo, como en el postoperatorio (por no más de tres días), en el dolor oncológico y, en casos muy específicos, en el dolor crónico no oncológico. “Los opioides no tienen eficacia mayor a 12 semanas en el dolor crónico no oncológico”, señaló.
¿Cuándo no se recomienda el uso de opioides?
Aunque no existe una contraindicación absoluta, no se aconseja su uso en cefaleas primarias, lumbalgias, dolor visceral o fibromialgia, ya que la evidencia indica que los AINES no son inferiores a los opioides en el tratamiento de estos tipos de dolor.
“Antes de prescribir un opioide, es clave realizar una evaluación integral del paciente, considerando la causa del dolor, su intensidad (medida con la Escala Visual Analógica – EVA), los tratamientos previos y las comorbilidades”, propone la Dra. Pelayo.
Agregó que también deben evaluarse los riesgos de abuso, especialmente en pacientes con antecedentes de consumo de alcohol, tabaquismo o enfermedades psiquiátricas.
“Aquellos pacientes que tengan riesgo moderado o bajo, simplemente se les informa sobre el tratamiento, establecemos los objetivos y realizamos el consentimiento informado para, posteriormente, realizar un plan individualizado. Y para aquellos que tengan riesgo alto, debemos buscar otras alternativas”, indica la especialista.
Evaluación de riesgos: una herramienta fundamental
Para predecir el riesgo de adicción, la internista recomendó a sus colegas apoyarse en escalas como la Escala de Valoración de Riesgo Potencial de Opioides (ORT), que clasifica a los pacientes en riesgo bajo, moderado o alto. “Si el riesgo es alto, no se recomienda el uso de opioides”, recalcó.
Otra herramienta clave es el cuestionario BPI-SF (por sus siglas en inglés para “Brief Pain Inventory – Short Form”), el cual permite evaluar el impacto del dolor en la funcionalidad y calidad de vida del paciente antes y después del tratamiento.
Uso responsable y seguimiento estricto
Explicó la Dra. Pelayo que el tratamiento con opioides debe iniciarse con dosis bajas y de liberación inmediata, ajustándolas progresivamente según la respuesta del paciente y no sobrepasar los 5 o 10 miligramos de la dosis equivalente de morfina, según los diferentes opioides. Una vez alcanzada la dosis mínima eficaz, se recomienda cambiar a medicamentos de liberación prolongada.
El seguimiento debe realizarse cada una a cuatro semanas, evaluando la eficacia del tratamiento y vigilando posibles conductas aberrantes o efectos adversos graves. Si los riesgos superan los beneficios, la dosis debe reducirse progresivamente hasta suspender el fármaco.
Además, es esencial que los pacientes y sus familiares reciban información clara y por escrito sobre los opioides, sus efectos adversos y los riesgos asociados. “Se debe realizar el consentimiento informado previo al inicio del tratamiento”, subrayó la Dra. Pelayo.
¿Qué aprendimos de Painkiller?
“La prescripción masiva de opioides genera adicción, neurotoxicidad y muerte por sobredosis”, concluyó la especialista. Por ello, señaló que los médicos deben recordar que los opioides no son de primera línea, y su uso debe ser cuidadosamente evaluado, priorizando siempre la seguridad del paciente.
La serie de Netflix Painkiller, dejó en evidencia las devastadoras consecuencias de una prescripción irresponsable. La comunidad médica tiene en sus manos la posibilidad de evitar que la historia se repita.





