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julio 9, 2025Las benzodiacepinas han sido aliadas clave en el tratamiento de múltiples trastornos, desde el insomnio y la ansiedad hasta la epilepsia y los trastornos del movimiento. Sin embargo, su uso inadecuado se ha convertido en un problema de salud pública. El Dr. Rosmel Acuña, profundiza en su impacto actual y las nuevas formulaciones que podrían redefinir su prescripción.
Por: Luis E. Baralt
Cuando pensamos en benzodiacepinas, es inevitable asociarlas con el insomnio y la ansiedad. Son medicamentos ampliamente recetados, pero ¿realmente sabemos cómo y cuándo deben utilizarse? Esta fue la reflexión inicial del Dr. Rosmel Acuña, médico internista y neurólogo clínico, en su ponencia “Benzodiacepinas hoy: Usos actuales y nuevas formulaciones”, presentada en el XXX Congreso Venezolano de Medicina Interna.
De acuerdo con el especialista, el uso inadecuado de benzodiacepinas se ha convertido en una preocupación creciente. Tanto es así que, cada 11 de julio, se conmemora el Día Internacional para la Concienciación del Uso Inadecuado de Benzodiacepinas. Y no es para menos: las prescripciones en adultos mayores han aumentado considerablemente en los últimos años, junto con sus efectos adversos. «Han aumentado las caídas, las fracturas asociadas, los deterioros cognitivos y el insomnio», explicó el Dr. Acuña.
Pero el verdadero problema radica en la diferencia entre una prescripción adecuada y una prescripción habituada. La primera se basa en evidencia científica, mientras que la segunda obedece a la costumbre médica, sin el respaldo de estudios. El especialista alertó sobre esta tendencia y citó estudios que revelan cómo la combinación de benzodiacepinas con antipsicóticos u opioides incrementa el riesgo de caídas.
Insomnio y ansiedad: ¿todas las benzodiacepinas sirven?
Uno de los usos más frecuentes de estos fármacos es el tratamiento del insomnio. Sin embargo, no todas las benzodiacepinas están indicadas para este propósito. Comentó el Dr. Acuña que la Sociedad Americana de Medicina del Sueño ha aprobado únicamente Triazolam, Temazepam y Flurazepam, destacando su capacidad para mejorar la calidad y duración del sueño sin generar despertares nocturnos.
Por otro lado, asegura que el uso de Alprazolam, Clonazepam, Diazepam y Oxazepam es contraproducente en estos casos, ya que alteran el ciclo del sueño, generan más despertares y provocan una sensación de descanso insuficiente. «El paciente se despierta diciendo: ‘No descansé, no dormí bien’, y lo que hace es aumentar la dosis, terminando por empeorar la calidad de su sueño», señaló el Dr. Acuña.
El problema no es exclusivo del insomnio. Los trastornos de ansiedad han aumentado significativamente, especialmente en adultos jóvenes. En Estados Unidos, su prevalencia entre los 18 y 25 años se disparó hasta un 50% en 2023. En estos casos, las benzodiacepinas recomendadas incluyen Alprazolam, Clonazepam, Diazepam y Lorazepam, aunque el especialista enfatizó la importancia de optar por formulaciones de liberación prolongada en ciertas situaciones.
Epilepsia y nuevos tratamientos
Más allá del insomnio y la ansiedad, las benzodiacepinas tienen un papel fundamental en el manejo de la epilepsia. El Clonazepam y el Clobazam son especialmente útiles en epilepsia generalizada, focal y mioclónica. Además, su aplicación en terapia de rescate ha evolucionado en los últimos años.
En el pasado, la única opción disponible era el Diazepam rectal, lo que limitaba su uso en situaciones fuera del hogar. Pero desde 2019, las terapias intranasales han cambiado el panorama: el Midazolam y el Diazepam en aerosol nasal han demostrado ser más eficaces y socialmente aceptados, facilitando la administración y mejorando la adherencia de los pacientes.
Más allá de la neurología: usos en trastornos del movimiento y anestesia
Las benzodiacepinas también tienen aplicaciones en trastornos del movimiento, como mioclonías, distonías y temblor esencial, siendo el Clonazepam la opción más recomendada. Asimismo, en combinación con toxina botulínica, se ha mostrado efectiva en blefaroespasmos.
En cuanto a sus efectos sedativos, el especialista mencionó una nueva benzodiacepina en estudio desde 2020: el Remimazolam, utilizado en procedimientos endoscópicos por su duración controlada. Su desarrollo abre nuevas puertas en la anestesiología, aunque aún requiere más investigaciones.
Dependencia y reducción de dosis: un reto clínico
Uno de los mayores desafíos médicos es la dependencia a las benzodiacepinas, lo que complica su retirada sin efectos adversos. «Muchas veces pensamos en reducir la dosis demasiado rápido, pero realmente se debe disminuir entre un 20% y un 25% semanalmente», explicó el Dr. Acuña.
La terapia cognitivo-conductual es clave para el éxito de esta transición, logrando niveles de abstinencia entre 65% y 85% incluso seis meses después de la suspensión del fármaco. Además, estudios recientes sugieren que fármacos como Pregabalina y Gabapentina podrían ayudar en este proceso, aunque aún se requieren más datos para confirmarlo.
Conclusión: ni demonizar ni sobreprescribir
El Dr. Acuña cerró su ponencia con una reflexión contundente: «Nosotros no debemos satanizar las benzodiacepinas. Fueron creadas para ayudar, pero debemos usarlas adecuadamente por el bien de nuestros pacientes.»
El dilema sigue abierto. Estos fármacos tienen un potencial terapéutico enorme, pero su manejo exige un criterio médico riguroso. La clave está en la educación, la prudencia y, sobre todo, en garantizar una prescripción basada en evidencia científica.





