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septiembre 15, 2025Un reciente Mini-Simposio en el XXX Congreso Venezolano de Medicina Interna, puso el foco en una crisis silenciosa pero devastadora: el burnout en el gremio médico, urgiendo a repensar el autocuidado no como un lujo, sino como una piedra angular de la práctica médica sostenible y la calidad asistencial.
Por: Luis E. Baralt
En un contexto donde la exigencia profesional se cruza con una realidad compleja, el XXX Congreso Venezolano de Medicina Interna ofreció un espacio crucial para la reflexión a través de su Mini-Simposio «Estilo de vida saludable en el médico». Allí, la Dra. María Alejandra Pulido, médico psiquiatra con vasta experiencia en el Hospital Universitario de Caracas y profesora de la Cátedra de Psiquiatría de la UCV, desgranó con lucidez los matices del burnout en el gremio médico venezolano.
Tanto su conferencia, «Herramientas para escapar del Burnout en Venezuela”, como la discusión sobre “La salud mental del Médico: Entre el deber de atender y la necesidad de autocuidado”, no solo pusieron el foco en una crisis silenciosa, sino que también ofrecieron caminos de esperanza y acción.
El encuentro, enriquecido por las voces directas de los médicos presentes, dejó un mensaje inequívoco: el bienestar del profesional de la salud no es un lujo, sino una piedra angular para una práctica clínica sostenible y, en última instancia, para la calidad de la atención al paciente.
Radiografía de un agotamiento silencioso
La Dra. Pulido planteó que el médico venezolano enfrenta una combinación de factores que lo hacen particularmente vulnerable al agotamiento profesional. Señaló elementos demográficos y laborales específicos, como por ejemplo el ser mujer, estar casada y tener hijos. “Son factores de riesgo significativos para el burnout, especialmente en las poblaciones más jóvenes. A esto se suma la menor experiencia laboral en los inicios de la carrera y la doble carga que asumen los residentes, quienes combinan una intensa actividad asistencial con la constante evaluación académica”, afirmó.
Los datos presentados por la especialista dibujan una trayectoria preocupante: la prevalencia de burnout en residentes ha ido en aumento. Si en 2011 se situaba en torno al 11.3%, esta cifra escaló al 20% en 2019 (en el contexto del apagón nacional) y se mantuvo en 15.4% para 2020, en plena pandemia. Estas estadísticas, centradas en la primera línea de la formación médica, son un llamado de atención. Para medir y comprender este síndrome, la escala Maslach Burnout Inventory (MBI) sigue siendo la herramienta de consenso más utilizada.
Destacó la Dra. Pulido que, a nivel individual, el agotamiento emocional puede llevar al uso de sustancias (alcohol u otras) como mecanismo de escape, así como a rupturas en las relaciones familiares o de pareja, y al aumento de la irritabilidad. “En sus formas más graves, el burnout está asociado a la depresión y, trágicamente, al aumento de la ideación e intención suicida entre los profesionales”, advirtió.
Desde el punto de vista organizacional, el impacto se traduce en una mayor tasa de errores médicos, una disminución de la satisfacción del paciente -quienes, según la doctora, perciben cómo los médicos “pasan de ser unas personas cálidas y cercanas, a ser un poco más distantes y más operativos”-, un detrimento en el rendimiento profesional y un incremento en la tasa de renuncias, lo cual tiene un efecto devastador en la generación de relevo, poniendo en riesgo la continuidad de la atención sanitaria.
Autoconocimiento, límites y espacios seguros
La Dra. Pulido subrayó que la medicina venezolana adolece de una falta de cultura de evaluación en cuanto al autocuidado. Los médicos, tan expertos en diagnosticar y tratar a otros, encuentran una barrera cuando se trata de sí mismos.
Uno de los mayores obstáculos, tanto para la detección como para la búsqueda de ayuda, es el estigma asociado a los trastornos mentales dentro del propio gremio. La percepción de que buscar un psiquiatra es sinónimo de “estar loco o demente” es un lastre cultural. De hecho, la Dra. Pulido describió cómo algunos residentes buscan citas con psiquiatras a horas “escondidas” o evitan el contacto abierto.
A su juicio, la raíz de muchos de estos problemas también se halla en la educación médica. “La sobrecarga académica, la reducción de la calidad del sueño, los ambientes de aprendizaje no estructurados y la alta competitividad entre estudiantes y residentes, contribuyen a moldear profesionales que, paradójicamente, descuidan su propio bienestar”.
Herramientas para el reencuentro con el bienestar
Ante este panorama, la Dra. Pulido enfatizó que es crucial abordar el burnout desde una doble perspectiva: el autocuidado individual y las transformaciones organizacionales.
En el plano personal, el retorno a los hábitos saludables es fundamental.
La psiquiatra insistió en la vital necesidad de aprender a desconectarse del trabajo y poner límites a la jornada laboral, incluyendo el uso del teléfono. “Hay que separar lo que son las facetas de la vida personal y la laboral”, aconsejó. Asimismo, recomendó cultivar amistades “no médicas” para tener espacios de esparcimiento que no giren en torno a la profesión, y ser creativos con el tiempo libre, buscando hobbies que verdaderamente relajen y no se conviertan en otra fuente de presión.
Un concepto central fue la no disociación. En ese sentido la doctora hizo un llamado a reconocer la conexión mente-cuerpo y la propia vulnerabilidad. “Parece mentira que a pesar del conocimiento que tenemos sobre las circunstancias y los factores de riesgo, a los médicos nos cuesta mucho más y por no realizar esa introspección no nos identificamos como sujetos vulnerables, y somos tanto o más vulnerables que la población general”.
Otras estrategias de bienestar presentadas incluyeron la Psicología Positiva y el Mindfulness, con ejercicios de concentración y respiración que pueden realizarse en solo 2 o 3 minutos para generar pausas activas durante el día. La expresión y recepción de gratitud también fue destacada como una poderosa herramienta para cambiar el ánimo individual y grupal.
Voces desde el público
Las intervenciones del público revelaron la profundidad de la crisis. Una de las doctoras presentes lamentó la casi inexistencia de departamentos de recursos humanos en los hospitales, lo que impide el acceso a terapia psicológica o a evaluaciones psicosociales laborales. Denunció la precariedad de los servicios de salud y seguridad ocupacional, la falta de capacitación en pausas activas o exámenes médicos específicos para el personal de salud, y la ausencia de espacios de descanso adecuados o de opciones de alimentación saludable en los hospitales.
Otra médica cuestionó la mala interpretación del Juramento Hipocrático, que a menudo es asumido como una disponibilidad 24/7 sin límites. Se expuso la crítica realidad de las condiciones laborales deficientes y la presión jerárquica interna, quedando de manifiesto cómo la propia cultura médica puede perpetuar el problema.
Un llamado urgente a la transformación
Las conclusiones fueron contundentes: los modelos tradicionales de formación médica son riesgosos para el bienestar psicológico. Es imperativo incluir la promoción de estilos de vida saludables en el diseño curricular de la formación, y es vital que el modelado de los docentes refleje este compromiso con el autocuidado.
Temas como la depresión, el suicidio y el acoso laboral, aunque cada vez más comprendidos, siguen siendo “tabú” en la comunidad médica venezolana, a pesar de incidir directamente en el desgaste. La Dra. Pulido insistió en la necesidad de no estigmatizar los trastornos mentales y hablar abiertamente sobre ellos.
El mensaje final es un llamado a sustituir el miedo por el respeto en los ambientes de aprendizaje y laborales, promoviendo espacios donde los médicos se sientan seguros, apoyados y guiados. La esperanza reside en que los programas de posgrado valoren e incluyan el bienestar de sus profesionales.





